Llega fin de año: ¿Sigo compitiendo?

Primero: Hay que evaluar el motor

Es esencial ver como esta nuestro estado físico para averiguar dónde estamos parados. Para eso, tenemos tres parámetros objetivos que podemos usar para nuestro análisis: la capacidad aeróbica, el sistema muscular y el estado mental.

La capacidad aeróbica: luego de mucho tiempo corriendo millas y millas, haciendo intervalos y entrenamientos reparadores  uno pensaría que este punto está cubierto. Pero lo cierto es que cuando prolongamos la actividad en el tiempo y nos esforzamos más para ir más rápido, la habilidad para utilizar el oxígeno decrece, los tiempos se alargan y el esfuerzo es algo mayor.

Para evaluarnos debemos comparar, tanto carreras como entrenamientos recientes, en lapsos de semanas y pocos meses. Trazando una curva podemos ver claramente como, si nuestros tiempos están peores, nuestra capacidad aeróbica puede ser la culpable. A esto hay que sumarle el esfuerzo subjetivo que detectamos ante pruebas similares hechas al principio de la temporada.

Un problema aquí no decidirá que dejes de correr, pero si la cuestión viene bien, el primer paso para seguir esta dado.

El sistema muscular: Durante las carreras, el tejido muscular y el sistema nervioso que lo conecta son duramente agredidos. Acostumbrados a la hinchazón y pequeños dolores típicos, podemos olvidarnos de ver diferencias más sutiles que indiquen otro tipo de deterioro. Todos sabemos lo que es salir a entrenar o competir sintiendo que no tenemos ningún resto de energía o que el ritmo que antes podíamos mantener ahora se hace demasiado duro.

De nuevo, para evaluar el estado, hay que comparar trabajos recientes con algunos más antiguos, aparte de verificar los tiempos de recuperación de esa hinchazón y dolores comunes. Si al comenzar a correr ya se siente la limitación, nuestra musculatura no está en el mejor estado.

Pruébese haciendo pasadas rápidas para ver si la energía sigue ahí o haga un trabajo rítmico de 200 o 400 metros a paso tranquilo con iguales tiempos de recuperación. Esto es un entrenamiento liviano que no debería causarle ningún problema. Si siente que se está esforzando, es señal de que algo no anda bien con sus músculos.

El estado mental. Es el último punto de esta prueba y es clave para decidir si seguir o no. Una temporada corriendo puede hacer estragos en la cabeza y es razón principal de descanso de muchos deportistas de elite.

Si bien es difícil de evaluar, lo esencial es preguntarse si la motivación sigue ahí para esforzarse al máximo y sufrir. Si la respuesta es no, no hay nada malo con eso y necesita recargar las baterías.

Una prueba simple es tomarse uno o dos días y ver si la energía mental regresa. Si se siente refrescado  y con ganas de entrenar, es una buena señal. Si no, tal vez sea el momento de descansar por el resto del año.

Si decido dejar… es lo mejor saberlo cuanto antes. Si el problema es mental, no volver a correr hasta que surja de las profundidades es la mejor idea. Si el problema es aeróbico, descanse una semana entera y después vuelva con entrenamientos suaves durante una semana, para continuar con trabajos crecientes que devuelvan las facultades perdidas. Algo similar si el problema es muscular.

Si sigo corriendo… trabaja para minimizar los efectos sobre su punto más débil. Para lo aeróbico, refrésquese volviendo a entrenamientos básicos.  Para lo muscular, ritmos tranquilos y sesión con colinas cortas sirven para despertar las piernas sin injuriarlas . Y recuerde alejarse de las sesiones largas. Y finalmente, si la motivación sigue baja, tómese un par de días sin hacer nada exigente y permítase pensar en otra cosa. Vuelva a entrenar haciendo algo que disfrute y plantee alguna novedad, sean nuevos tiempos o rutas.

Tenga en cuenta: solo esfuércese si queda algún beneficio por obtener y si no, el momento del descanso puede ser ideal para estar perfecto la temporada que viene.